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Así es como los árboles nos ayudan a respirar

Los ves ahí. Aparentemente quietos, quizá moviendo sus ramas con el viento o la lluvia, pero dentro de cada árbol y, sobre todo, de los gigantes, está sucediendo un proceso de ingeniería perfecta que nos ayuda a respirar.

Un árbol está formado por las raíces, el tronco, las ramas y las hojas. Cada parte se encarga de algo fundamental para su crecimiento en una sinfonía de compuestos orgánicos sorprendente y fantástica: cuando, a través del tronco, suben los nutrientes absorbidos por las raíces y llegan hasta las hojas, reaccionan con el carbono y forman azúcares que se transforman en celulosa, la materia prima de la madera. Las hojas tienen estomas, unas pequeñas aberturas por las que sale el agua y el oxígeno, esta es la razón por la que son nuestro pulmón.

Según David Nowak, creador de la herramienta de consulta i-Tree y quien, desde el Servicio Forestal de Estados Unidos en Siracusa, Nueva York, ha estudiado el impacto de los árboles en las ciudades por más de 20 años, explica que los árboles nos protegen de los contaminantes de dos formas:

Incorporando gases a través de los estomas y capturando partículas a través de la superficie de sus hojas. Además, por la evaporación de agua, reducen la temperatura del aire. Los gases contaminantes que ingresan a las hojas, donde hay mucha agua, se disuelven, cambian su estado y se usan como fertilizante de la propia planta. Las partículas se adhieren en el exterior de las hojas, mientras más grandes y más pegajosas sean, como las de los pinos que están recubiertas por cera, más partículas contaminantes se pegan a ellas, éstas terminan disolviéndose en el suelo en los días de lluvia.

Algunos datos de la contaminación que te harán amar más los árboles.

El ozono es uno de los contaminantes más presentes en el aire que respiramos, es un gas formado por tres partículas de oxígeno que se encuentra de manera natural en el ambiente y que aumenta cuando los contaminantes de los coches e industrias que utilizan combustibles fósiles entran en contacto con la luz del sol.

Pero hay algo todavía peor que el ozono y su aumento en el aire provocó la contingencia ambiental que sufrimos el pasado mes de mayo, son partículas formadas por sustancias químicas orgánicas, polvo y metales, que varían en grado de peligrosidad por su tamaño. Según la OMS, la alta concentración de partículas pequeñas y finas, es el mayor riesgo ambiental a la salud y causa más de tres millones de muertes prematuras a nivel global cada año.

La exposición a estas partículas, sobre todo a las PM2.5, más pequeñas que el grosor de un cabello, se asocia a hospitalizaciones por neumonía, causan alteraciones en el ritmo cardiaco y afectan principalmente a las personas que sufren asma y otras enfermedades respiratorias, además transmiten otras enfermedades por estar formadas de polen, esporas, virus o bacterias.

Resulta indudablemente beneficioso plantar árboles en las ciudades para contrarrestar los efectos de la contaminación, pero esto no es así de simple. Las especies y las características de los árboles deben ser seleccionadas por expertos de acuerdo a las condiciones y las normas ambientales de cada lugar.

Si quieres ayudarnos a plantar más árboles en el Bosque de Chapultepec, dona aquí y únete a este esfuerzo. La plantación se llevará a cabo por profesionales, ya que la Norma Ambiental NADF-001-RNAT-2015, de la Ciudad de México, determina que no pueden plantarse árboles de menos de 4 metros de altura. ¡Es por nuestro aire y por el que van a respirar las futuras generaciones!