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Así llegaron las jacarandas a CDMX y vamos a plantar más

El Bosque de Chapultepec está en el primer lugar del listado de la revista Time Out sobre los mejores spots para ver florear a las jacarandas, un árbol que, aunque no es nativo de la ciudad, encontró en ella un verdadero hogar. Por su hermoso color lila y por su gran adaptación a nuestro suelo y clima, la campaña de reforestación del Parque Avenida Lomas las ha incluido en su lista de especies por plantar, entre las cuáles se encuentran también el pino azul, el pino chino, el encino, el liquidámbar y el ocote.

La Jacaranda es en árbol oriundo de Brasil, donde se llama Yacarandá, puede alcanzar unos 30 metros de altura y habita en las calles y parques de la ciudad. Aquí florea en primavera y se ha convertido en una atracción tan colorida, que mucha gente las considera como una característica del paisaje urbano chilango, pero no siempre fue así. No se sabe a ciencia cierta cómo y cuándo llegaron, pero hay varias leyendas sobre su origen entre la memoria colectiva. Estas son tres de ellas.

Un nostálgico jardinero japonés

En los años 20 y 30, la Ciudad de México se llenó de parques, camellones y avenidas donde se plantaron muchos árboles y, siguiendo las costumbres del estilo europeo que había impuesto Don Porfirio, las nuevas residencias competían por tener los jardines más hermosos.

Con esta idea, un hacendado de Hidalgo trajo a México a Tatsugoro Matsumoto, un jardinero japonés que se dedicaba a diseñar jardines en Sudamérica y que al pisar México decidió quedarse para poner en práctica su profesión, diseñando jardines con una clara influencia de su país. Se piensa que, en un arranque de nostalgia por los cerezos de Japón, Matsumoto llenó parques y jardines de jacarandas, árbol que había conocido en Sudamérica.

También se cree que Matsumoto recibió la orden del presidente Pascual Ortiz Rubio para decorar la urbe con esta bella especie, pero esa es la siguiente leyenda.

Foto: elsouvenir.com

Un político enamorado de los cerezos

Todos sabemos que la primavera japonesa se caracteriza por el florecimiento de los cerezos, un espectáculo que a cualquiera le dan ganas de replicar.

Cuenta la historia que en 1912 el alcalde de Tokio le obsequió a la ciudad de Washington 3,000 cerezos que se dieron muy bien. Años después, durante un viaje, Plutarco Elías Calles quedó hipnotizado por el paisaje y le pidió al presidente Pascual Ortiz Rubio que solicitara el mismo regalo al gobierno japonés, mismo que se lo negó argumentando que no era lugar para esa especie. Con la obsesión a flor (morada) de piel, se buscó un remplazo que pudiera adaptarse a nuestro clima, y fueron las jacarandas las que poblaron los parques y jardines de la ciudad y, a decir verdad, nada que deberle a los cerezos.

Foto: montagemagazine.com

Miguel Ángel de Quevedo o “el Apóstol del Árbol”

Miguel Ángel de Quevedo fue un ingeniero e investigador mexicano que dedicó gran parte de su vida al estudio y cuidado de la flora de esta ciudad, gracias a él, tenemos tantos parques, fue él quien fundó los viveros de Coyoacán y quién protegió las reservas naturales que rodean a la gran urbe.

Él se encargó de estudiar las condiciones de suelo y clima para traer a México diferentes especies de árboles, entre ellos, la jacaranda, que conoció en Veracruz a donde había llegado por las propiedades de su madera y que plantó a lo largo de Paseo de la Reforma, Parque México, la Alameda, las colonias Narvarte y Del Valle, Coyoacán o Mixcoac.

Foto: Santiago Arau

Foto: Santiago Arau

Foto: Santiago Arau