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Las preguntas que nos deja un microorganismo.

Paradójicamente, el 7 de abril se celebra El Día Mundial de la Salud. Este año, el día nos pega profundo.

Un virus es un agente infeccioso microscópico acelular constituido por material genético, que solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos. Al infectar una célula, estos genes “obligan” a la célula huésped a producir copias del virus. Un virus, un pequeño virus engendrado en un mercado en Wuhan detuvo nuestras vidas y nos trajo un colapso plagado de preguntas.

¿Cuántas veces al día, -en aquellos días en los que éramos lo suficientemente libres para hacer planes- se nos ocurría pensar en la fragilidad de nuestras células, de nuestros sistemas económicos, de nuestras barreras fronterizas, de nuestras vidas? ¿Cuántas veces reparábamos en nuestra vulnerabilidad? ¿Cuántas recordábamos esas frases de superación que sugerían, cuando pensábamos en el futuro, poner más atención al presente? ¿Cuánto tiempo dedicábamos a valorar y apreciar nuestra salud? ¿A interiorizar, aplicar y transmitir valores más allá del consumo y la riqueza y la storie de Instagram? ¿Cuántas veces pensábamos en los demás? ¿En los viejos? ¿En los enfermos? ¿En todas las personas que viven al día en un esquema de economía informal? ¿Cuánto apreciábamos lo efímero de nuestra existencia cuando nos creíamos inmunes, inmortales?¿Qué nos toca reflexionar como especie sobre la responsabilidad que tenemos como habitantes de la tierra?

A principios de año, las noticias aún parecían lejanas, hay un virus en China, a 13,395 Km de nuestra ciudad. Pero, poco a poco y, quizá, demasiado rápido, el pequeño e inmenso problema dejó de tener nacionalidad, dejó de respetar fronteras, razas, géneros, estratos sociales y pintó el mapamundi de rojo. Un jueves de marzo se declaró una pandemia y a todos, al mismo tiempo, o casi, nos cambió radicalmente la vida.

Joshua Lederberg, ganador del Nobel de medicina en 1958, dijo que la única y mayor amenaza para la dominación del hombre sobre el planeta es el virus, y, sin ánimos de culparnos sin sentido por una epidemia de salud como esta, es un tiempo para reflexionar sobre esta dominación. Esa simple y única amenaza ha llegado y no sabemos por cuánto tiempo habrá de quedarse o cómo habrá de mutar. Lo que sí sabemos, teorías de la conspiración descartadas, es que el Coronavirus empezó en un mercado dirigido por humanos donde se trafican animales salvajes, de forma ilegal, generando millones de dólares en ganancias y generando también problemas de salud que no estamos ni estaremos preparados para afrontar si no cambiamos nuestra forma de habitar el mundo y de relacionarnos con la naturaleza, con nuestro entorno y nuestra comunidad.

Las preguntas siguen siendo muchas, cada uno, en su retiro obligado, en su espacio sanitizado, tendrá su propia lista de dudas existenciales, pero somos un grupo que, a distancia, debemos reflexionar juntos ¿Qué es más importante la salud o el dinero? ¿El consumo desmedido de todas formas de vida o el equilibrio del planeta? ¿El bienestar personal o el colectivo? ¿Qué vamos a hacer si un día, no muy lejano, nuestros recursos finitos se vean también amenazados como hoy lo están nuestros cuerpos?

Hoy parece que el tiempo se ha detenido, hoy podemos, sin prisas ni pretextos, ser mejores humanos. Ver por los demás, cuidarnos, cuidarlos, poner en práctica la empatía, quedarnos, guardarnos y ayudar a los que no pueden hacerlo. Hoy no todo pinta mal, el cielo está más azul y el aire más limpio.

Este 7 de abril celebremos, los que todavía podamos, nuestra salud y agradezcamos a todos los médicos y a todas las personas que se han jugado y se juegan la vida para salvarnos.